Dormir es uno de los procesos más apasionantes y lleno
de incógnitas que realiza nuestro cerebro de forma cotidiana. Si conectas
electrodos a la cabeza de un voluntario dormido para detectar las señales
eléctricas de su cerebro (método llamado encefalograma) se observa un extraño
proceso que varía a lo largo de la noche: primero nuestro cerebro empieza a
sincronizarse y todas las neuronas que lo forman comienzan a disparar señales
eléctricas de manera simultánea. Este ritmo global aumenta o disminuye según nuestro
estadio de sueño. Pero existe otra fase completamente diferente, llamada fase
REM, que sucede cuando el ritmo aumenta hasta casi despertar: en ese momento
las pupilas de nuestros ojos comienzan a moverse, y el registro eléctrico del
cerebro es parecido al que se produce cuando estamos despiertos, pero seguimos
dormidos. Comienza un sueño.
Los sueños duran entre 10 y 30 minutos, aunque en su
interior la percepción del tiempo varíe. Al terminar un sueño volvemos al
estado de sueño lento y sincronizado, y de nuevo repetimos todo el proceso cada
hora y media aproximadamente. Durante
una noche de 9 horas podremos tener hasta seis sueños de manera independiente.
Eso sí, solo si nos despertamos durante esta fase REM podremos recordar el
sueño que estábamos viviendo, los anteriores son borrados.
Ahora bien, se
sabe muy poco sobre para qué sirve soñar y dormir. Se sabe que es
necesario, ya que al pasar más de dos días seguidos sin dormir nos encontramos
más irritables y nuestra capacidad intelectual disminuye. También se ha probado
que los sueños son importantes para consolidar la memoria y que pasar una noche
sin soñar (despertando a la persona cada vez que llega a la fase REM) hace que
recordemos peor los
eventos del día anterior. Todos estos estudios buscan
hallar la función del sueño, pero no dan información sobre el origen de su
contenido. Dicho de otra manera, ¿por
qué soñamos lo que soñamos?
Los estudios neurocientíficos más modernos sobre el
tema opinan que los sueños son retazos
de memoria del día anterior, que deben ser liberados al pensamiento
consciente para “decidir” mantener el recuerdo al día siguiente o no. De este
modo, mientras soñamos se nos presentan diferentes imágenes y situaciones, que,
aunque no tengan relación entre sí,
nuestro cerebro busca una línea argumental ligeramente lógica. Por eso
podemos ver a nuestros amigos mezclados con lugares imaginarios creando
situaciones inverosímiles. Actualmente existen proyectos para estudiar el
contenido de estos sueños y buscar relaciones psicológicas reales.
Uno de los últimos estudios relativos a este tema ha
sido realizado por el equipo clínico de Isabelle Arnulf, del Hospital
Pitié-Salpêtrière en París. Para este trabajo han observado a pacientes con
déficit de auto-activación (DAA). En estos pacientes, los ganglios basales del
cerebro han sido dañados. Estos ganglios participan en tareas automáticas,
emergencia de pensamientos espontáneos y en la toma de decisiones, por eso
estos pacientes con DAA tienen como principal síntoma una tremenda apatía hacia
el mundo y una carencia total de elección de opciones. Se puede hablar con
ellos y son capaces de responder y seguir una conversación, sin embargo, esa
voz interna que nos sugiere nuevas ideas y pensamientos se ha apagado. Los pacientes con DAA se sientan todo el
día en un sillón y dejan la mente en
blanco, no piensan en nada. Si estos pacientes siempre tienen la mente en
blanco, ¿serán capaces de soñar?
Para el experimento, se ha realizado un diario de
sueños. Tanto a los pacientes sanos como a los pacientes de DAA se les pide
llevar un cuaderno en el que apuntar los sueños que recuerdan al despertarse.
De los trece pacientes de DAA que participaron en el estudio, solo cuatro de
ellos soñaron y testificaron lo sucedido. El resto puede que no soñaran, no lo
recuerden, o simplemente no lo apuntaran. Lo curioso es qué tipo de sueños
tenían: eran normales, demasiado
normales. Los sueños de los pacientes sanos (nosotros incluidos) suelen
tener componentes fantasiosas y extrañas: alguien se transforma en otra
persona, somos perseguidos por algo desconocido… En cambio, los pacientes de DAA sueñan tareas
rutinarias: pasear, afeitarse, estar sentado mirando por la ventana… no hay
nada extraño en estos sueños, son más similares a recuerdos cotidianos.
¿Por
qué sucede esto? Según los investigadores los sueños se producen gracias a la mezcla
de experiencias e ideas pensadas a lo largo del día. Si estos pacientes han
perdido la capacidad de generar ideas, sus sueños pueden provenir únicamente de
la experiencia y por eso ser similares al recuerdo. Los pensamientos suelen
estar ligados a la imaginación y dan esa componente de irrealidad, cosa que no
tienen los pacientes de DAA.
Aún hay mucho que comprender sobre la causa de nuestros
sueños. Lo que está claro es que nuestro
cerebro lo necesita para que funcionemos correctamente. Todo apunta más a
un sistema de clasificación. Sigue soñando.

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